El alma escoge a los padres y a la familia, dónde va a nacer hasta 3 meses antes de la concepción, así que eso de la escogida a la familia donde nace, es del todo verdad. Y lo hacemos porque nuestros mejores maestros de vida. Cada Alma – Espíritu, elije que vivir y con quien vivir lo que viene a aprender y recordar de sí misma. Esas elecciones son la esencia de su “libre albedrío”. El libre albedrío existe como almas que elegimos que vivir, no como seres humanos mentales que creemos elegir que vivir. Así lo expresan libros como el Libro Tibetano de la vida y la muerte.

El alma del bebé va a llegar a su cuerpo físico a lo largo de los primeros 6 meses.
Desde el 6º mes el alma del bebé se queda más tiempo dentro de su cuerpo físico y menos fuera de éste.

Para el bebé, para el alma y su consciencia, cualquier ritmo de vida estresante y estridente puede afectarle y provocarle rechazo a la hora de ocupar su cuerpo físico. Las almas sufren mucho al nacer, más que cuando mueren. Puede sonar aterrador o irónico, pero con respecto al nacimiento y muerte, el alma siente lo opuesto de lo que como seres humanos creemos. Para el ser humano, la muerte es de gran sufrimiento,  y el nacer es el acto más maravilloso; si bien visto desde una visión superior lo es, no quita que para el alma nacer, es de gran sufrimiento; y la muerte, a lo contrario de lo que creemos, es liberador. Si como lo leen, es el acto más liberador para el alma. Como humanos, lo que nos genera sufrimiento de la muerte, es el apego a la persona que parte, nada más; pero para ese ser, es volver a su esencia y su libertad total.

El alumbramiento es un acto muy importante, muy respetuoso y necesita mucha paz, tranquilidad, armonía y amor. Los miedos a la hora del alumbramiento sólo provocan mal estar en el alma que hasta el último momento sufre y tiene dudas de si nacer o no. El amor puro a la hora de la concepción es lo que hará que el alma que acuda sea de una vibración mayor. El amor en el hogar es lo que más nutre al bebé y lo colma de paz y tranquilidad. La estabilidad emocional de la mamá y de su entorno es vital para que el alma del bebé se sienta acogida y se desarrolle a gusto dentro de su nuevo cuerpo físico.

“¡Hay que dejar de infantilizar a los que vienen! Hay que dirigirse a ellos con palabras que sean palabras y frases que parezcan frases; y además, con una grandeza de espíritu que no se transforme en tentativa de anexión de personalidad de recién nacido. Los padres deben mantener abierta su conciencia dejando de dirigirse a ellos con unos términos y unas ideas deformadas o atrofiadas. Si no lo hacen así les saturan la conciencia de piloto automático. Hay que ofrecer ternura… Sin olvidar una semilla de inteligencia.

Con mucha frecuencia, por desgracia, los padres ya no tienen que preocuparse por la individualidad que tienen los padres. Esto surge de una creencia que debemos cortar, el hecho de que creemos que los niños que nacen son envases vacíos que que llenar y moldear; y por lo tanto tenemos el derecho de romper su individualidad a nuestro antojo. No hay nada más falso, la verdadera educación de amor y respeto, no hay nada más falso. Ya desde que sí debemos respetar su individualidad y darle todo el amor sin encerrar su mente, que lo marcará en su vida.


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